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Cuando nadie nos echa en falta y la falta que hace un administrador de fincas

Estaba la radio puesta en el coche y se oye: “ Es hallado el cuerpo de una persona en una vivienda, en una finca de la ciudad de Valencia…». No escuche más. Lo primero que pensé fue en quién sería el administrador de esa comunidad y que se le juntaría este suceso con los siniestros […]

Estaba la radio puesta en el coche y se oye: “ Es hallado el cuerpo de una persona en una vivienda, en una finca de la ciudad de Valencia…». No escuche más. Lo primero que pensé fue en quién sería el administrador de esa comunidad y que se le juntaría este suceso con los siniestros de los cuatro días de lluvias intensas del mes de octubre, pues (esto lo supe después), el cuerpo fue hallado a causa del agua que cayó a la vivienda de debajo de esta, al haber alguien taponado a propósito, el sumidero de la terraza de la finca justo encima de la vivienda del fallecido inundándose esta y la del propietario de debajo que llamó a los bomberos.

A los dos días de escuchar esta noticia, vi otra noticia, esta vez en la televisión, me fije en las imágenes las cuales mostraban al reportero delante de la comunidad donde en uno de sus pisos había aparecido la persona fallecida y cuál fue mi sorpresa que resulta que esa comunidad la administro yo.

Como se deduce de todo esto, a mí, que soy el administrador de la comunidad no me habían llamado los propietarios, aparte de enterarme por la televisión empezaron a venir a la oficina todos los medios de comunicación nacionales conocidos y los más importantes de la ciudad, sin tener tiempo ni de informarme de lo que había pasado.

Preguntaban cómo podía llevar 15 años fallecido y dentro de la vivienda; también que cómo es que llegó a deber 12.000 euros, que es lo que les había dicho la presidenta, pero resulta que no debía nada, ya que tenía el pago domiciliado y como no figuraba como fallecido el banco lo pagaba todo; que por qué no habían denunciado su desaparición, nadie en la comunidad lo estaba buscando, pues lo tenía todo pagado, no se habían quejado de olores cuando dejó de verse por la finca y nadie de su familia había preguntado por él ni se había presentado a la comunidad. Resulta que averiguamos posteriormente que no se hablaba con los hijos ni nadie de la familia. La comunidad no tenía datos de ellos tampoco y sigue sin tenerlos.

Este es el resumen de lo acontecido en este fatídico y mediático caso. Nos muestra lo que está sucediendo con muchos de nuestros mayores que llegan incluso a la muerte sin que nadie se entere, al estar tan solos, a veces porque realmente no les queda nadie, a veces por falta de trato con la familia y a esto hay que añadir que no tienen círculo social de amigos, que al faltar se pregunten dónde está, como este caso que nos ocupa.

Pienso que el relato del suceso es suficiente para hacernos muchas preguntas a nosotros mismos como persona y como administrador y sacar nuestras propias conclusiones.

Alejo Pérez Lamata

Administrador de Fincas